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miércoles, 7 de enero de 2015

Catalina y Alejandro - Capitulo 18


Tengo unas ojeras horrorosas, no dormí en toda la noche pensando en cómo llegaría, en qué le diría, Dios parezco una niñita asustada. Y si, lo estoy. Alejandro ha llamado constantemente, ha sido fundamental su apoyo, no lo eh visto pero sólo su voz me tranquiliza, y es raro, que sólo su voz logre ese efecto en mí, me encanta.
Comienza a vibrar mi teléfono, pero antes de contestar veo la hora, son las seis y media de la mañana, veo su foto y esa sonrisa que me vuelve boba. Contesto.

-Nena, sé que es muy temprano- Disculpándose, si supiera que no eh dormido nada.
-No te preocupes.
-Vale!, a qué hora quieres que te vaya a buscar?
-No, yo iré
-Cómo, no tienes vehículo.
-Pero existen los taxis- esto me causa gracia, ya salió Catalina malévola, Alejandro no sabe nada de mi camaro. -Tranqui, llegaré, a las 7 de la tarde
-¿¡QUÉ!?, tú estás loca- me grito!!!!
-Qué te pasa?, por qué tan apurado?- no me gusta que me obliguen
-No nena, es habíamos quedado a primera hora.
-Alejandro, escúchame bien, yo tengo mucho miedo a enfrentarme a todo de lo que hui por años. No es así de fácil que me digas a primera hora, y yo esté a pies juntos donde me digas, que seas mi pareja no te da derecho a elegir qué hacer con mi vida, porque yo llevo años manejando mi propia vida, entiendes?
-Amor, tranquila, no quería que te enojaras, sólo que al igual que tú yo estoy nervioso.
-Bueno, llego a las diez, sola, entendido, espérame en las rejas.
-Ok, son de color negro.
-Un cambio, cuando me fui eran doradas.

Me levanto de mi cama, me visto de negro, porque hoy será un día muy negro para mí. Me maquillo, casi nunca lo hago, pero esta vez me enfrentaré a mis miedos y necesito llevar una máscara, el maquillaje me impedirá derramar una lágrima. Encima de mi cama la encuentro, tranquila esperando que me la lleve, la tomo entre mis manos, la descargo y me doy cuenta que tiene una bala atravesada la retiro con cuidado y cae encima de mí cama, tomo las municiones y relleno el cargador, ahora la ajusto en el cinturón de mi pantalón, y las municiones sobrantes las guardo en otro cargador que mantenía mi abuelo, el cual lo guardo en mi chaqueta. Uno nunca sabe lo que podría pasar, si hoy salen las cosas mal, dirán que pelee hasta el último minuto de mi vida.
-Ya te vas?- es Kate, me dice desde el umbral de mi habitación.
-Si- le digo sin mirarle a los ojos.
-Catalina, no quieres que vayas?
-No, quiero que te quedes con Carmen- esta vez le miro directamente a los ojos, es una orden y ella asiente con la cabeza.
Le doy un beso y salgo rápidamente de mi habitación, bajo por las escaleras, mientras bajo las escaleras reviso mis bolsillos, y llevo mi celular, las llaves del auto, mis papeles y la taurus.
-Niña Catalina- miro hacia mí derecha, es Carmen- No es necesario que vaya.
-Carmen, lo es, si mi abuelo me dejo algo, lo reclamaré, porque sé que eso le gustaría.
-Ten cuidado.
-Sí, mi linda y hermosa Carmen. Te amo. Para mí tú deberías haber sido mi madre, no Sofía Morga.- Carmen sólo comienza a llorar.
Voy en busca de mi camaro, me siento en él, y saco el arma, quiero verla, hace mucho que no la tenía en mis manos.

-Catalina, ya tienes, diez y siete años, está es mi arma. Una Taurus PT 99, brasileña, debes tener cuidado, es semiautomática. No quiero que mates a alguien sólo que te defiendas con ella.
-Entiendo abuelo- Mi abuelo me sonríe.


Recuerdos esas palabras, él me enseño a disparar, no para matar sino para defenderme y eso haré ahora. Doy contacto y ruge el motor, es muy distinto a mi V16, es más suave, presiono el embriague y coloco primera dándole marcha a mi vehículo, y avanza con una suavidad que nunca había experimentado en un auto, ayer no me preocupe de ello, solo de la velocidad, coloco el GPS la dirección de la hacienda "Santi" y me la da.
Me da lo mismo la velocidad excesiva en la que voy conduciendo, esta vez no escucho música, no quiero amansar las fieras que llevo dentro mío.
Ahí esta, tal como había dicho Alejandro, esperándome, delante de unas rejas altas en la que está inscrita las palabras SANTI.
Disminuyo la velocidad, Alejandro se acerca, yo bajo el vidrio, y él me sonríe.

-Eras tú. Cuándo te lo compraste?- le sonrió, me tranquiliza el verlo, es bueno que este aquí.
-Ayer, cuando me llamaste, fui a la ciudad con Kate y lo vi, recordé que te burlabas de mi V16, sí que te presento a mi monstruo. Y esa moto?- Ahora es él quien se ríe, con esa sonrisa ganadora que tanto adoro.
-Es mía- es hermosa, nunca me eh subido a una.
-Puedo subirme- me mira con enfado
-Señorita Santelices, usted viene a ver a Don Luis, y yo la guiare con mi motocicleta.- QUEEEE, mierda, lo odio!
-Bien- y digo en un susurro estúpido.
-Te oí- maldición
-¡Pacheco!- Pacheco?, él, todavía trabaja acá.
-Sí?- le dice un hombre moreno, alto y cano, cuando me fui todavía no tenía el pelo gris, pero es inconfundible su manera de caminar. Es él. Mi ex chofer y guardaespaldas.
-Abre las rejas, la señorita viene conmigo.
-¿Quién es?
-Pacheco, haz lo que te dije, no le inmiscuyas en mis asuntos. Y si piensas en esa cabeza que es una prostituta, NO, que quede claro desde ya. AHORA ABRE LAS PUTAS REJAS.- Sin más camina, y me muestra su parte trasera, se mueve con elegancia y rudeza, sus jeans negros y esa casaca de cuero negra, me quitan un minuto de mi objetivo, me coloco las gafas, no es bueno que me reconozcan tan luego y subo el vidrio polarizado.
Ambos motores rugen al unísono, le sigo. La alameda es eterna. Cada vez que avanzo los recuerdos son más latentes, quiero llegar ya!, por fin se detiene.
La mansión SANTI, esta delante de mis ojos, con un cambio la tonalidad de ella, era blanca ahora es de color damasco.
Espero que Alejandro se baja de su moto y camina hacia mí, pero camina con arrogancia, llega a mi puerta y la abre.
Me ayuda a salir, le agradezco sin retirar mis anteojos, me sujeta de la cintura y encuentra lo que llevo, me mira con inseguridad, no dice nada, su mirada lo dice todo, "ten cuidado".
Comienza a caminar delante mío, se acercan dos hombre de la misma estatura de él y le cortan el paso, agacha su cabeza y se ríe de forma estruendosa en la que se te erizan los pelos de la nuca.

-Martínez, aléjate, esta vez estoy ocupado.
-¿Quién es?- Digo algo?, me callo?. Alejandro me mira y a través de su mirada me dice que es hora, me toca decirles quién soy.
-Así le hablas a la hija de TÚ patrón?- los dos me miran atónitos, e incluso Alejandro me eh convertido en la abogada, que no teme a nada ni a nadie. Me saco con tranquilidad los anteojos y les miro directamente a los ojos, camino con tranquilidad pero con arrogancia, hacía ellos, pero me cortan el paso.
-¿Qué eres tú qué?
-Tu nombre- reclamo
-Raúl Martínez
-Hace cuanto trabajas acá?
-Hace diez años
-Entonces deberías haber escuchado de mí. Soy Catalina Elizabeth Santelices Morga, hija de Luis Santelices y Sofía Morga, nieta de Don Amador Santelices. Te suena?- el muy arrogante sé que está impresionado, pero no quiere decir que lo está.
-No lo creo.
-Ok!, llama a Pacheco, porque él te dirá en tu cara quien soy.
Diez minutos más tarde, en que los duelos de miradas mataban, llega Pacheco, me mira y sus ojos están sorprendidos y emocionados.
-Niña Catalina, era usted- mi mirada fría se dirige al estúpido de Martínez y él esconde su cara por la vergüenza.
-Sí, Pacheco, tus hombres no me dejaban pasar a la que en mi infancia fue mi casa.
Pacheco los mira con reprobación y ellos se apartan, nos dejan pasar. Nos acercamos a la entrada a esas grandes puertas de madera de color caoba. Alejandro las empuja con suavidad, y me deja entrar primero, no mentiré, me tiemblan todos los músculos de mi cuerpo, qué hacer? Seguir y enfrentar.
-Quien eres?- escucho una voz femenina detrás de mí, me volteo para verla, y es ella. Ella me mira con sorpresa, queda estática, no lo puede creer que este ahí de pie en el mismo lugar que hace veinte años me había ido. Ahí en el que comenzó mi rencor y mi odio. Yo estaba ahí parada esperando que esa mujer que me dio la vida se abalanzará sobre mí y me cubriera con sus abrazos dándome protección, pero NO, estúpida yo, esa mujer nunca fue madre. Me echo cuando pudo y estoy aquí y eso es lo que quiere hacer ahora, para que no atormente su tranquilidad.
-Catalina... tú...- titubea no me o quiere decir pero su mirada no puede mentir lo que su corazón guarda.

-Sofía Morga.
-Soy tu madre- si lamentablemente
-Hace mucho que ya no lo eres.
-Catalina...- baja por las escaleras corriendo hacia mí -hija linda, porque no me avisaste que venías.
-No seas hipócrita, tú no me quieres acá, por ti seguirías viviendo el idilio con Santelices- sus manos se van a su boca.
-Catalina, yo jamás te echado.
-Mentirosa, me echaste a la edad de quince años, pero sabes me da exactamente lo mismo, para mí, tú no eres mi madre, aunque me hayas regalado un auto. Mi madre es Carmen, ahora déjame que vine propósito y lo cumpliré.
-Pero que te crees?, sigues siendo una muchachita macriada- me dice con desprecio.
-Te encantaría que lo siguiera siendo, pero lamentablemente ya no lo soy, tengo treinta y cinco años, soy una abogada, que desde hace ya bastante tiempo se sabe defender de gente tan despreciable como usted.- Hace un ademán para hablar, pero yo levanto mi mano derecha para callarla -Pero no vengo a ajustar cuentas con usted "señora" Morga, es con su esposo, me retiro.
Gracias a la voluntad divina se queda callada, pero me sigue a una distancia prudente, tengo tanta rabia que podría destrozar un muro de concreto, sigo avanzando por la escalera con un paso rápido no quiero encontrarme con cierta señora, que ya sólo me da rabia.
-Ni se te ocurra entrar a su habitación- me grita, me volteo para decirle que se vaya al demonio, pero es Alejandro quien se interpone en la mujer que me dio la vida para que no siguiera avanzando.
-Señora Morga, le aconsejo que deje de gritar, su marido, don Luis, fue quien solicito la presencia de la señorita Santelices en esta casa, si usted no la quiere, es problema suyo, ahora tiene dos opciones avanzar y que yo le bloquee el paso y la deje en una de las habitaciones de la casa o que baje.
-Pero quién te crees para hablarme así, Alejandro?
-Señorita, siga- me dice mirándome directamente a los ojos que me atraviesa el alma, y en esa mirada me dice yo me ocupo de ella, sigue. Asiento con mi cabeza -la mano derecha de su esposo, +el me ha dado instrucciones precisas, y que si usted las desobedece me veré en la obligación de proceder de acuerdo a lo que él mismo me ha instruido, y hoy no ando con ánimo de que usted comience a volverse insoportable, me entendió señora Morga?- Sofía no dice nada, sólo abre su boca y queda estática. -Señorita proceda, es tiempo.
-Sí, Alejandro, gracias.- y sigo subiendo, recuerdo ese día el primero en que me dio esa golpiza, sigo avanzando y al final del pasillo está su habitación, está cerrada la puerta. me acerco a ella, la toco con mis manos, la golpeo para avisar mi presencia o la abro así sin más?.

Tomo la manilla la giro, abro la puerta y después de de veinte años le veo cara a cara.

miércoles, 17 de diciembre de 2014

Catalina y Alejandro - Capítulo 17


No puedo creerlo ya son tres días en México, y estar en la casa que me cobijo en el momento más espantoso. Eh caminado por los jardines mirando una y otra vez este hermoso cielo, lo verde del césped y las tonalidades de las flores.
Todavía no puedo creerlo, mi abuelo me espero tanto para que confiara en él, y finalmente siempre lo supo, sólo que quería que yo le digiera. Si lo quería ahora lo quiero mucho más.
Hable con Carmen de todo, menos Alejandro, con él no eh podido hablar, la trato mal, le hablo de una forma que nadie en todos sus años de servicio lo habían hecho ni siquiera "mi padre". Alejandro muy mal hecho, es mejor de tenerla de amiga a mi querida Carmencita. Pero lo más importante es que SI, existe el testamento. No sabe exactamente donde esta, pero eso es un pelo de la cola, es muy fácil saberlo. 

-En qué piensas?
-En todo Kate.
-Dime Cata, que se siente estar aqui?
-Aqui?- digo apuntando mi asiento -seguridad, pero fuera de este lugar no lo sé aún.
-Te ha llamado Alejandro?
-No, segura?
-Si Kate, por qué?
-Me ha estado llamando, y me dijo que no le contestas el teléfono
-Mierda, si no le eh puesto el roaming, tiene que ser por eso- tomo mi celular y lo activo, a los segundos mi teléfono celular pareciera que explotara, 80 llamadas pérdidas, 20 mensajes de texto y para qué hablar de whatsapp, cada uno de sus mensajes me dice lo mucho que me ama y que sólo quiere verme, pero los últimos son exigencias que me causan risa, "dónde estás" "Contesta" "me estoy desesperando" "Sino me hablas prometo ir a la hacienda y raptarte aunque me mate Carmen"

-Lo llamare- le digo a Kate
-Ok llámalo que a mí me tiene aburrida con tantas llamadas- me dice burlándose de mí.
-Vale le dire que no te llame más.
Le llamo y me contesta al primer timbrazo.
-Nena, por fin, que te ha pasado, que no me haz contestado?
-Disculpa amor, es que tenia apagado el roaming.
-Te dio mi recado Kate.
-Claro, y dices que la dejes de llamar.- se rie al otro lado del telefono
-Ese no.
-Cómo?
-Se olvido entonces, es mejor que vengas, tu padre, está empeorando.
-Hoy?, Alejandro yo...
-Amor, ya ha pasado veinte años, sé que es díficil y no estarás sola, yo estaré contigo te lo prometo.
-Nose, es difícil.
-Catalina, por favor.
-Mañana a primera hora, te lo prometo.
-Bueno amor, mañana.

El día paso muy, pero muy lento, mañana me enfrentaría a "mi padre" a ese ser despreciable que me arruino la vida, que me refugie en el odio para sobrevivir, que no confíe en nada ni en nadie, y que ahora probablemente esté involucrado en la muerte de mi abuelo. 
Salí un rato de la hacienda, fuimos con Kate a la ciudad, y pase a ver autos, ya era hora de cambiar, y si me quiero enfrentar a él, es mejor que lo haga con poder y decisión.
Kate como siempre se enamoro de un jeep, aunque no puedo mentir me gustan, pero quiero imponerme y que me miren con respeto, no como la niñita que salió huyendo, llena de miedos, de vergüenza.

Y ahí estaba, esperándome, ese hermoso auto, de color negro, era como me llamara.
Hable con el vendedor, pero no escuchaba nada, hasta que dijo el precio, casi me caí, pero todos estos años de ahorrar habían rendido sus frutos, estarían muy bien invertidos.

Fuimos al centro comercial con Kate, a comer algo, yo como tenía el estómago anudado preferí una ensalada cesar, con un jugo natural, Kate que siempre come todo lo que quiere sin preocuparse de nada, prefirió comida china, con wantan y arrollados primavera, con una gran gaseosa. 

La mire con envidia, yo mire mi ensaladita, porque tenía el estomago apretado, y estaba llena de miedo, mañana sería un día lleno de enfrentamientos.
Iba de vuelta a la casa en mi camaro negro, escuchando la música muy fuerte, de ludacris, necesitaba una inyección de adrenalina, y autopista seria aquella inyección, lo malo que Kate se puso a gritar como loca cuando sobre pase la barrera de los cien kilómetros por hora, tuve que bajar la velocidad, es extraño sentir el aire de mi país, es como si nunca pertenecí aqui.

Cuando estoy llegando a la entrada de la Hacienda Amanda, los vigilantes me detienen, claro salí sin auto y volví con uno. Me sonrió, bajo con cautela el vidrio del piloto, y dejo ver uno de mis ojos al vigilante mientras mis labios tuercen una sonrisa.


-Señorita Santelices, no le conocimos.
-No te preocupes, era obvio, salí sin auto y ahora vuelvo con uno.
-Adelante- corre a los portones abriéndolos de par en par, arranco el motor de mi auto, y llego a la entrada de la mansión.
Como era de esperarse Carmen sale corriendo, a ver el auto. Y verle su cara de sorpresa y emoción, fue el mejor premio que podría haber obtenido.
-Pero mi niña, y esto?- sus manos estaban en su boca.
-Un auto, mi Carmen, ves o no los conoces- me pega en el brazo, Carmen medirá un metro cincuenta?, es pequeña, pero me gusta.
-Pero este auto es como de hombre, mi niña- Kate se rie
-Carmen, y eso que no has visto su departamento- Carmen me mira intrigada, en realidad.
-Bueno, dejemos mi depa a un lado. Entremos a la casa mejor.
Entramos a la casa, Carmen aún no sabe que iré a ver a Santelices, es mejor que se lo diga para que no se infarte.
-Ya niñas a sentarse tienen que tomar el té.- Nos miramos con Kate y ambas gritamos al unísono
-¡NO!
-Pero como?, tienen que comer.
-Carmencita comimos en un centro comercial, pero si te queda pastel, yo comería, y tu Kate?
-Yo me apunto
-Así me gusta, salen dos pedazos de pastel de piña
-¡ÑAMI!- gritamos las dos.

Después de comer como cerdas, es hora de hablar con Carmen. Voy a la cocina en busca de este ángel, que tiene cola de diablo.
-Carmen tengo que hablar contigo- sigue lavando la loza
-Dime niña Catalina.
-Necesito el arma de mi abuelo- la pobre casi le da un infarto, deja de lavar y me mira con los ojos como plato.
-Para qué la quieres?
-Iré a ver a Santelices mañana.
-No, no puedes ir Catalina, no!, me niego.
-Carmen- la tomo de los brazos -quieras o no, esto debo enfrentarlo, y para eso debe ser como yo estoy ahora, así fría y fuerte.
-Entiendo- se seca las manos -sigueme- me guía sin decir palabra, hasta el despacho de mi abuelo, al abrir la puerta siento el olor a madera, es como si mi abuelo hubiese regresado, no puedo retener una lágrima y ella recorre por mi mejilla.
-Escúchame bien Catalina, en ese cajón se encuentra el arma de tu abuelo, te cuidado, está cargada, y la munición esta debajo de ese cajón, cuídate. Recuerdas cómo se utiliza?.

-Claro qué se. Mi abuelo se preocupo de eso y de enseñarme defensa personal.- Carmen asiente y se retira.

miércoles, 10 de diciembre de 2014

Catalina y Alejandro - Capítulo 16


Por fin ya estamos dentro del avión, y siento una mezcla de emociones, un sabor dulce y amargo. Después de 20 años enfrentare mis fantasmas, mis dolorosos recuerdos, y miro por la ventanilla, siento que me aprietan con cariño mi mano izquierda, y giro mi cabeza en esa dirección, veo esos ojos azulados que me miran con ternura, no puedo creer que pisaré mi tierra natal.

Ha pasado tanto tiempo, que no puedo creer, que me fui como una niña asustada, bajo la protección de mi abuelo, y ahora vuelvo, con un propósito, y con un hombre que me ha robado el corazón, que no sólo me ha hecho sentir viva, me ha hecho confiar en alguien, no temió de mí, sino siguió, buscando hasta que me encontró. Cierro mis ojos y lo último que siento es un beso en mi sien.

-Vamos dormilona- es la voz de Kate -despierta- y me zarandea, le tomo su mano derecha y la doy vuelta.
-Que mierda?- le digo levantándome y con mi mano izquierda me desperezo en mis ojos.
-Ay! Bruta!.
-Ups!, perdón- me rio, y le suelto el brazo
-Pero cómo mierda le haces eso?- me dice Alejandro, sobándole la muñeca a Kate.
-Lo siento, amiga, pero tú sabes que no puedes despertarme así- y me sigo riendo 
-Mala, no pensé, que todavía tuvieras los reflejos buenos- comienza a reírse y Alejandro nos mira como locas.
-Ya salgan rápido, porque o si no, nos volveremos a Estados Unidos, par de locas.
-Lo escuchaste? Cata?, nos dijo "par de locas"-. Comenzamos a caminar para salir del avión, y nos seguíamos riendo como locas, y Alejandro si hubiera podido ir a tres metros delante de nosotras lo hubiera hecho, toda la gente nos miraba como si fuéramos raras.

Llegamos a la salida del aeropuerto, y nos esperaba un taxi.
Nos subimos en él, Alejandro le pide al conductor dirigirse inmediatamente a la finca "Santi", pero yo le muevo la manga, y le digo que no con la cabeza.

-Vamos a la finca, Amanda, la de mi Abuelo- el conductor queda congelado, me mira por el retrovisor.
-A la finca Amanda?, de su abuelo?, señorita.- me pregunto el conductor y yo asiento -Usted es nieta de Don Amador Santelices, que en paz descanse.
-Sí, le conoció?.- asiente con la cabeza , mientras lo hace sonríe.
-Entonces sabe dónde queda la Hacienda?.
-Pues claro, es una de las más bellas, señorita.

 Y fuimos pasando por calles, comenzaba a recordar ciertas partes, pero otras que realmente han cambiado. De tanto en tanto miraba a Kate, y ella me sonreía, y otra veces miraba a Alejandro y el sólo me tocaba la mano, ya que iba al lado del conductor.
El taxi comienza a pasar por esa laguna maravillosa, ya nos estamos acercando, queda poco, para volver a sentir la presencia de mi Abuelo, de Don Amador Santelices.
Después de unos minutos, que para mí fueron eternos. Ahí estaban las grandes rejas, y el camino lleno de álamos, descubrían la entrada, de cinco kilómetros de extensión, y al terminar, la imponente mansión blanca de Don Amador.

Sonreí como boba, no podía creer, que después de tantos años estaba ahí, por fin.
Cuando se detuvo el taxi, me baje corriendo a la entrada, olvidando todas mis maletas, dentro del vehículo, toque la entrada.
Sabia, y estaba segura que nadie era propietario de esta mansión, por lo costosa, y porque "mi padre" jamás se desprendería de una de las propiedades Santelices, era honor, aunque se estuvieran cayendo a pedazos, eso es "Poder". Palabras de mi abuelo.


Toque la puerta. Escuche unos pasos venir a la entrada. Comienzan a abrir la puerta, quién será?, sabrán quién soy?
-Si?- la miro, no puede ser, es ella. Ay, Dios!, no puedo creerlo, es ella. -Niña Catalina?- comienzan a agolparse las lágrimas en mis ojos, Dios es ella. -Niña Catalina, es usted?
-Carmen?
-Sí- En ese momento nos abrazamos, nos besamos, nos miramos, y volvimos a abrazarnos. Después de muchos arrumacos, de esta mujer maravillosa, me suelta y me deja respirar.
Con lágrimas en los ojos, y aún abrazada, hago una seña a Kate, para que venga.
-Tú mala amiga, porque no me dijiste que Carmen estaba bien- Kate sólo se encoje de hombros
-Pensé que lo sabías- me dice Kate
-Katherine Amelia Zelis Márquez, te mataré.
-No, como dices esas palabras Catalina Elizabeth Santelices Morga- me dice Carmen, y comenzamos a reírnos.
Comenzamos a hablar cual comadres, hace años que no sabía nada de ella. Carmen, era la empleada de mi abuelo, su ama de llaves,  como yo era la única nieta, recibí todo el cariño y regaloneo, pero con mayor razón cuando me fui a vivir con mi abuelo, Carmen fue mi abuela, me cuido, me mimo, hizo todo lo que hace una abuela, estuvo para mi graduación de la secundaria, para mis cumpleaños, incluso más que mi propia madre.
-Alejandro ella...- Mi Carmen me interrumpe
-Sal de la hacienda, Cruz!!- me perdí de algo?
-Señora, sólo vengo en nombre de Don Luis Santelices...
-Por eso mismo deja a mis niñas y lárgate
-Carmen , tranquilízate, Alejandro es ...
-Un trabajador, señorita Catalina, que sólo está cumpliendo órdenes, disculpe Señora Carmen, aquí le dejo las maletas de la Señorita Catalina y de la Señorita Katherine. Con su permiso me retiro.- Que mierda es eso de señorita, si es mi pareja, por qué Carmen le trata así? y Cruz?.

Después de lo ocurrido, Carmen como era de esperarse, nos hace nuestras habitaciones y comida, siempre tuvo un problema con la comida, nos encontraba muy flacas, y siempre nos daba dulces.

-Carmen, siéntate, con nosotras, y cuéntanos qué paso el día del accidente de mi abuelo, tú no volviste a Nueva York.
-Mi niña, ese día fue horrible. Vine a México a sepultar a mi patrón. Cuando tuve que volver, me detuvieron en el aeropuerto, y me dijeron que no era necesario que me fuera, ya que, tu mi niña, volverías acá a México.- Yo muevo mi cabeza de un lado para otro, porque eso no paso -lo sé algo andaba mal, porque yo sabía que no volverías, y me pregunte durante años como estarías mi niña, si comerías, si serías alguien en la vida- mi linda Carmen comienza a llorar de amargura, me paro de mi asiento y la abrazo, le beso su mejilla, mi preciosa Carmen, siempre estuvo pensando en mí.
-Pero mi niña ahora cuéntame que ha sido de tu vida.
-Mi Carmen, soy abogada en Boston y eh vuelto para hablar con mi ... mi papá.
-Pero ¿cómo?, Catalina después de lo que te hizo.- Abro mis ojos como plato, qué es lo que sabe?
-De qué estás hablando Carmen?
-Emm permiso, voy a ir a ver mi cuarto, es por esa escalera Carmen?- dice Kate, y Carmen asiente.
Veo a Kate subir por las escaleras a su habitación, conociéndola como la conozco no creo que haya ido a su pieza y debe de estar buscando un escondite para escuchar
-Catita, cuando se vino a vivir con su abuelo, por las noches gritaba y lloraba desconsolada, Don Amador, corría a su habitación, para poder consolarla- Mierda, no puede ser -por eso sabía que no volvería mi niña. Don Luis- aprieta las manos formándolas en puños -ese hombre, sé lo que te hizo, mi niña.
-Carmen, por favor- pongo mis manos en mi cara ocultándola, Carmen me tomo mis manos y me abrazo, un abrazo cariñoso.
-Mi niña, ese hombre te hizo mucho daño, y tu abuelo lo sabía, porque una noche, gritaste, diciendo "No papá, yo soy tu hija" "Te lo suplico, no me toques", pero cuando Don Amador estuvo más seguro fue cuando una noche, llorabas en sueños de forma desconsolada, y Don Amador se acerco a tu pieza, en Nueva York, y le veo salir de ella, con su rostro lleno de amargura, le pregunte qué pasaba, y me dijo, Carmen mi peor, mi mayor miedo, sea cumplido. Le dije que no entendía, me miro con rabia, porque si lo sabía, y no quería admitirlo. Me grito. Carmen, mujer, entiende ese pedazo de hombre que crie, eduque, le enseñe valores, ese hijo de..., mi amada mujer se debe estar revolcando en su tumba al saber lo que hizo Luis... VIOLO A MI NIETA, eso hizo!!! entiendes ahora Carmen?.

Ay! Dios mi abuelo lo sabía, Dios mío, me quiero morir, lo único que hago es llorar, Carmen se acerca y me abraza, no lo puedo creer que lo sepa y yo guardando mi secreto por años, Dios me siento sucia.

-Escúchame Catalina, no te sientas mal, eso jamás fue culpa tuya, Don Amador, nunca quiso obligarte a hablar, pero sí a ... a su hijo, no le dio tregua, llamaba todos los meses, para que le dijera con sus palabras que es lo que había pasado, por qué te habías ido de su lado, nunca le hablo, hasta...-Carmen cierra la boca
-Hasta cuando, Carmen- le digo entre lágrimas
-Hasta ese día que falleció- y su mirada se torna triste y amarga, mi abuelito falleció sabiendo mi secreto, porque no fui más fuerte y le conté, porque Dios, porque no fui valiente, nunca me desintoxique de esta amargura, de este dolor tan inmenso- Don Armador me llamo ese día, y me dijo que Don Luis le había confesado todo, y que ahora te iba hacer hablar a ti, porque ya te había dado tiempo para madurar, entender lo que había pasado, y siempre se arrepintió de no haberte llevado a un terapeuta, y me dijo que debía cuidarte no separarme de ti, pero desobedecí, y te deje sola mi niña, en esa ciudad, aunque tuvieras 18 sólo eras niña, con la que me había comprometido a cuidar- Me acerco yo a Carmen y le abrazo, en ella hay un pedacito de mi abuelo.

-Carmen, no te preocupes, crecí bastante, soy muy madura, me atrevería a decir que una vieja- le sonrió, me mira y se sonríe.
-Déjame terminar- asiento con la cabeza -le pregunte porque debía cuidarte tanto, y me dijo, que la confesión que le había dado Don Luis, era porque hace algún tiempo había cosas raras en la empresa, ya sabes fuga de dinero, y si le pasaba lo debía él le diría toda la verdad, y así fue confirmando lo que ya teníamos más que confirmado, el daño que te había provocado mi niña linda.
-Carmen qué es lo que sucede con Alejandro.- pareciera que le hubiera vertido agua hirviendo, me mira con furia.
-Ese muchachito, llego hace unos meses a la mansión imponiendo sus órdenes como mano derecha de Don Luis Santelices. Le deje en un principio, finalmente yo no tengo nada, sólo mis años en que eh servido a la familia Santelices. Pero hace un mes más menos me encontró un foto tuya, en la que tenías diecisiete, y me pregunto quién era, le respondí con un poco de prepotencia diciéndole que eras la hija de Don Luis, me miro y me arrebato de las manos la foto, y fue muy bruto conmigo me sujeto del brazo y me zarandeo para que le dijera dónde estabas, que si no le decía me haría daño- Cómo? que Alejandro hizo qué? Conozco a Carmen y no mentiría, menos si su mirada está llena de furia. Tengo que hablar con Alejandro para tener las dos versiones.

Coloco mis manos en mis caderas y comienzo a girar.
-Mi linda Carmen, estoy bien, mírame después de todo SOY una Santelices no crees?.

-Si, mi niña linda, él que te vea dirá que Don Amador está orgulloso de ser tu abuelo- y le sonrió, es verdad. 

jueves, 27 de noviembre de 2014

Catalina y Alejandro - Capítulo 15


-Como amaneciste?- me pregunta Alejandro, Oh Dios!, es verdad pase la noche con él, pero en qué minuto pudo pasar esto?, pero me gusta, me gusta haber pasado la noche con él y haber echo el amor, me gusta.
-De qué te ríes?- se acerca a mi cara y me besa la frente. -Tengo que decirte algo importante Catalina- Sólo sonrío, y Alejandro se pone serio, se sienta al lado de mío en la cama, me mira detenidamente.
-Habla- le digo
-Siempre eres así de cortante?
-Sí- me rio Alejandro también se une a mis carcajadas.
-Entiendo, bueno te quiero contar algo importante- hace una pausa -Te amo- me mira por una fracción de segundos y me besa en los labios.
-Me dijiste ¿Te amo?
-Catalina, de todas las opciones que pensé que me dirías, esa no estuvo en mi cabeza.- Me rio, y tapo con mis manos mi rostro, es que no lo puedo creer, este hombre me ama?, si Catalina el amor ha llegado a tu puerta. Me sonrió, me abalanzo a su cuello y le beso con pasión y él me sostiene entre sus brazos por mi cintura, nos caemos encima de mi cama, me separa de su cuerpo, y me mira con ¿amor? siii, es amor, gracias por fin te acordaste de mí. Me sujeta con ambas manos mi rostro y me besa.

Ya desayunamos entre besos y arrumacos, no lo puedo creer que Alejandro me haya dicho que me ama, después que sabe todos mis fantasmas, desde esta mañana sólo sonrio. Otra vez me ha sorprendido con un beso en la comisuras de mis labios.
-Entonces está listo, gracias- Me mira y sonríe, corta la llamada con el celular. -Ya tengo los pasajes para México.
-Y para cuándo?
-Para dos días más.
-Tan rápido?, yo pensé que demoraríamos más en encontrar un pasaje, porque mi pasaporte aún no lo tengo listo- le miento, es que no quiero asumir tan luego que debo a enfrentarme a Santelices.
-Catalina , no mientas tu pasaporte ya está listo- trago saliva y me sonríe -Sé que no quieres enfrentarte aún a Santelices, pero no crees que más de 20 años es suficiente, como para enfrentarlo?- me lo dice arrodillado sujetando mi mano y dandome esa fuerza que nunca antes la había sentido.
-Alejandro, cuantos pasajes compraste?- me mira como no entendiendo mi pregunta.
-Dos, obvio tu y yo- pongo mala cara y él se rie -Tres Catalina, que creías que me había olvidado de Kate, sabes sólo quiero conocerla- y me rio también.
-Arréglate que vamos a ir a comer.  
-Yo nací arreglada- me rio y Alejandro también
-Bueno, preciosa, vamos entonces- y le doy mi mano, para levantarme.

Nos vamos al ascensor y esperamos que abran las puertas, mientras lo estamos esperando, Alejandro me sujeta de la cintura cuando por fin se abren las puertas me da un beso en los labios y me empuja dentro, parecemos unos adolescentes riéndonos y besándonos.
-Preciosa espérame unos minutos voy en busca de mi auto.
Le espero en la entrada del edificio de mi departamento, y veo aparecer un ferrari negro, el mismo que vi hace unos días atrás en el estudio jurídico, nose si enojarme o reírme, me ha estado espiando.
-Vamos, sube- me dice
-Alejandro tengo que hacerte un pregunta- le digo colocándome el cinturón de seguridad.
-Dime- pone en marcha el vehículo
-Estuviste en el estudio jurídico ese día en el que apareciste detrás mío?- le miro directamente a su perfil, esboza una sonrisa, maldito, me enojo.
-Tranquila- me sujeta la rodilla y me recorre electricidad por mi cuerpo -sabes manejas muy bien, pero como tienes ese auto, V16.
-Y ¿qué tiene?, ya sabes porque lo tengo, y miro por la ventana.
-Entiendo- y me vuelve acariciar la rodilla.
Guardo silencio por un tiempo. Y comienza a sonar esa canción que me encanta de Melendi.
"Hoy le pido a mis sueños
que te quiten la ropa
que conviertan en besos
todos mis intentos de morderte la boca
y aunque entiendo que tú...
tú siempre tienes la última palabra en esto del amor.

Y hoy le pido a tú ángel de la guarda
 que comparta que me dé valor y arrojo en la batalla
pa ganarla,
y es que yo no quiero pasar por tu vida como las modas
no se asuste señorita nadie le ha hablado de bodas
yo tan sólo quiero ser las cuatro patas de tu cama
tu guerra todas las noches tu tregua cada mañana
quiero ser tu medicina tu silencio y tus gritos
tu ladrón tu policía, tu jardín con enanitos
quiero ser la escoba quien en tu vida barra tus tristezas quiero ser tu incertidumbre y sobre todo tu certeza."

La tarareamos entre los dos, y nos miramos, nos sonreímos, nos gusta la misma canción.
-Te gusta?- me pregunta Alejandro
-Claro, es bellísima
-Si es hermosa- pone sus ojos directo en la autopista.
Después de unos cuarenta minutos en la autopista, me lleva a un restaurant hermoso, se estaciona cerca de la entrada, y dice en alto "Artú", es un restaurant de comida italiana, y me sonrio, me encanta la comida italiana.
-Me investigaste?- le digo mientras veo el letrero.
-Pues claro, tenía que saber a qué me enfrentaba- y me comienzo a enojar.
-Acaso tú no lo hiciste?
-No- le miro furiosa
Me toca la pierna, para que me tranquilice.
-Nena, cómo me puedes decir que no me investigaste si sabías mi vida.
-No, si fue tu tío quien revelo tu historia- a Rob, es muy fácil de sonsacarle la verdad, sobre todo si trabajas mucho para él y te tiene una confianza tremenda, como es mi caso. Alejandro gira su cabeza de un lado a otro con una sonrisa en los labios.
-Ese tío mío, siempre tan bueno para hablar demás.- se ríe y yo me uno a las carcajadas.
Alejandro de forma sorpresiva se baja del auto, y comienza a caminar alrededor del auto, con una sonrisa ganadora en sus labios, llega a mi puerta del copiloto, abriéndola, me da la mano para ayudarme a bajar, me abraza a su cuerpo y me besa en los labios.

Comenzamos a caminar hacia el restorán, Alejandro saca un controlcito, de la chaqueta de cuero que lleva, y presiona un botón cerrando con un ruido el Ferrari, me sonríe, y me besa la frente, y nos vamos caminando de la mano, me siento en las nubes, me siento por primera vez viva. Nunca pensé, pero amo a Alejandro.

Llegamos al restoran, Alejandro, hablo con una persona, y le sonríe.
-Vamos- me dice. Me guia a la entrada, y la persona con la que hablo primero, habla con un joven, el cual es muy entretenido, me sonríe todo el rato, Alejandro lo mira con cara de pocos amigos. Nos dirige a nuestra mesa, y cuando el muchacho saca la silla para que yo me siente, Alejandro se la arrebata, hace un ademán para que me siente ahora, creo que es seguro para mí, el joven se siente totalmente avergonzado. Va en busca de la carta.

-Escuchame bien Catalina.- me dice mientras se sienta al frente mío, le mio como boba -No me gusta que coquetees con los hombre.
-Qué hice que? 
-Eso coquetear.
-No, sólo le sonreí, porque fue muy cortés, y miralo, es un niño para mí- el chico no debe haber sobrepasado los veinticinco años.
-Eso no me interesa, que sea joven, o más viejo. Yo te amo, y no me gusta que hayan otros hombres alrededor tuyo, me escuchaste.- Me regaña, que se cree, yo hace mucho que no soy una niñita, y ...
-Estás celoso?
-Yo?, que crees, yo???, nunca.

El muchacho llega con la carta, y Alejandro lo mira con cara de pocos amigos, es mejor que yo tome la palabra.

-Quiero un garganelli con pepperoni, y el mejor vino tinto que tengas- y para finalizar le sonrio. Miro de reojo a Alejandro y le sale fuego por los ojos, esto me divierte.
-Quiero una milanesa con risotto al vino tinto, y prefiero un vino chileno- y le entrega la carta sin mirarle

Comimos y el empezo a relajarse poco a poco, y descubri un Alejandro, divertido, risueño, tierno y hermoso.
Terminamos de comer, y Alejandro finaliza diciéndole al pobre muchacho.
-Mira es bella la mujer que tengo- tomando mi mano -pero lamentablemente es mía- y besa mi mano. El chico se ruboriza al extremo.

Nos subimos a su auto, y comienza a manejar por la carretera.
-Oye, por aqui no queda mi casa- no me mira, sólo esboza una sonrisa -claro que no, porque iremos a la mía, quiero tu aroma en mi casa.
Que hace una mujer cuando escucha eso?, sonreír como boba. Y así, me mantuvo todo el tiempo con una sonrisa en los labios.

-Por fin te tengo en mi casa- y me toma por sorpresa, me toma en brazos para poder entrar.
-Que hace Alejandro?
-Entrar a mi casa, contigo, mi novia.
-Ok

Mientras camina conmigo en brazos, reconozco el sillón en el que hace unos días fue testigo de mi gran y horroroso secreto, bañado en sombras. Abre una puerta, que no había visto cuando estuve aquí, la cocina sigue ahí mismo, al lado de living. La puerta abre, da con su habitación, me recuesta con delicadeza, en ella. Tiene una cubrecama gris, y unas sabanas suavecitas...

Me comienza a besar, de forma voraz, esta vez, no quiere que el sol le gane la partida, me arranca la ropa, y cuando me ve en ropa interior, se lanza a mi estomago, y sus manos recorren mis piernas. Se quita la camisa y sale volando, se mete dentro mio y yo no hago más que gemir de placer, y arrugar las sabanas, para intentar controlarlo, pero es imposible, Alejandro se libera al lado mío, cayendo a mi costado. 

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Catalina y Alejandro - Capitulo 14



No puedo creer que me eh sincerado con Alejandro, le eh dicho toda la verdad, y ahora más que nunca quiero ir a México, pero no puedo ir sola, creo que invitare a Kate, si la invitare.
Llamo a mi mejor amiga, suena el celular y contesta.
-Cómo estas Kate?- le digo con entusiasmo
-Creo que no mejor que tú, Cata.- y rie
-Amiga, necesito preguntarte algo?
-Dime- dice con seriedad
-Tienes tu pasaporte al día?
-Claro, siempre- me dice y sé que quiere saber el por qué de mi pregunta -por qué?- me rio
-Para que me acompañes a México
-Qué, hablas en serio?, tú y yo a México
-Y Alejandro- le informo
-Queeeeeeé, me eh perdido de algo, tienes que contarme.
-Bueno bueno, le conte todo a Alejandro, sabes confío en él tanto como en tí y en Andrés.
-Sólo confianza o hay algo más.
-Kate!- la regaño, pero tiene razón, hay algo más -Kate, creo que me gusta, que me estoy enamorando de él, pero no te puedo decir que, guau me gusta a patas juntas. NOOOOO, tú me conoces...- No me deja terminar.
-SEGURIDAD- me lo dice con un tono de voz cansino, el cual me hace gracia. -Cata, disfruta, si no es para que te cases mujer.
-Ok!, pero él ira con nosotras- le vuelo a repetir.
-Me gusta la idea, y si a ti no te gusta me lo dejas, bueno?
-Buena loca- y ambas reímos.
Me subo a mi auto, mientras conduzco, decido llamar a Alejandro, me gusta su piel, me gustan sus ojos, su pelo su boca, Dios perdóname, pero lo quiero en mi cama.
No soy un mujer que cree en el amor, pero si en la atracción. Le llamo y no contesta. Sigo manejando hasta que me estaciono en el departamento, y vuelo a llamarlo, me contesta.
-Si?
-Alejandro, soy Catalina
-Hola, dime- parece frío, no con el entusiasmo de siempre.
-Eh. Podrías venir a mi departamento, quisiera hablar contigo. Unas cosas del viaje.
-Si ni un problema voy de inmediato.
 Me meto a la ducha, me relajo un poco. Voy a mi cuarto, y busca una bonita lencería, unos sostener color rosa pálido con aplicaciones moradas, y una tanga del mismo diseño, luego me pongo una falda liviana de color calipso con flores, con una polera blanca sin mangas, y me quedo descalza.
Me siento en el sillón mientras escucho música suave, y espero a que llegue. Después de un tiempo más menos prudente, suena el timbre de mi departamento, y es él, estoy feliz, muuuy feliz.

Le abro la puerta.

-Hola- le sonrio como boba
-Hola- me dice, pero no sonrie- que quieres?- me dice con un tono de molestía, qué le pasa, se supone que yo soy así.
-Bueno entra- entra y se sienta en un sillon, cierro la puerta -Te llame para decirte que iré a México, pero iré con mi amiga Kate- espero su reacción, no me dice nada, pero sé que no le gusta.
-Es necesario qué tienes que ir con ella.
-Claro, ella conoce México, siempre está llendo.- sigo sonriendole
-En eso no hay problema, porque yo igual conozco México, te recuerdo que vengo de allá.- Que pesado es, pero que le pasa?.
-Disculpa si te eh molestado, pero sabes, es mejor que te vayas.
Ahora es él quien me mira raro.
-No entiendo, me llamas, y ahora quieres que me vaya.
-Sí, exacto, lo haz entendido, vete, creo que fue mala idea que vinieras, lo siento, pense, que sería mejor que conversaramos de frente, ya que estaba comenzando a confiar en tí, por todo lo ocurrido ayer, pero veo que me equivoque, vete, por favor.
No espero ninguna reación, porque no la quiero, sólo quiero que se vaya, igual que una niña adolescente eh sido embaucada, porque mierda cuando creo en alguien se comportan así?. Me levanto del sillón, para abrir la puerta y él me sigue, le abro la puerta y se marcha, al momento de cerrarla, me dice -Lo siento.
-Ahhh!!! QUÉ RABIA POR LA PUTA MADRE. Tan estúpida como siempre Catalina, él sólo vino hacer un trabajo, no está enamorado de tí, como tan estúpida mujer.
Abro todas las ventanas del departamento quiero aire, mucho aire. Es lunes, es mí día libre, si que haré lo que es mejor, primero mandare un correo a Roberto, diciéndole que me tomare mis vacaciones, que hace unos cinco o seis años que no me tomo.

Don Roberto Latorre
Presente.
Con fecha de hoy, solicito a usted la autorización de otorgarme mis vacaciones, que se han ido acumulando hace ya seis años.
Espero que se tome a bien,  ya que las necesito para la próxima semana.
De antemano
Catalina Santelices Morga
Abogada. Estudio Jurídico
Latorre.
Presiono el botón enviar.
Ahora a organizar mi agenda, los pasajes.
No reservare hotel porque me quedare en la casa de mi abuelo, y así sabrán que voy.
Una hora más tarde, Roberto me ha contestado mi correo.

Querida Catalina.
No hay problema de que te tomes tus vacaciones que, por cierto muy merecidas las tienes, pero porque no me avisaste con más tiempo, para organizarme. No te preocupes, ve y disfruta.
Cualquier cosa aqui estoy yo y mi estudio para servirte.
Atentamente
Roberto Latorre Andrades
Abogado        
G.G Estudio Jurídico Latorre.
Excelente, todo listo para partir.
Busco un libro para leer, y encuentro ese, que me gusta tanto, "Pídeme lo que Quieras, Ahora y Siempre" de Megan Maxwell, me encanta, si que por quinta o sexta vez, a leerlo.

***

Qué mierda fue lo que hice, qué estúpido fui, ella quería hablar, y yo que no pude controlar mi mal genio, y lo pague con ella, qué culpa tiene Catalina de que me estén presionando?, nada!, ya cumplí con mi trabajo.
Llamo con ese teléfono, que ya me han llamado antes.
-Habla Cruz.
-Dime- La voz femenina de siempre.
-Teniente, Catalina Santelices parte conmigo a México, la próxima semana.
-No puedes adelantarlo Cruz?.
-No, teniente, hay un problema, ella no quiere ir sola, irá con una amiga, Katherine Zelis.
-Ok!, no hay problema, tendrás que cuidar a ambas entonces- lo dice de mala gana.
-Si teniente.
-Cruz, espera ordenes del Comandante, entendido?
-Si teniente- Y corta sorpresivamente el móvil.
Son tan fríos.

Quiero verla, me prometí cuidarla y hacerla sonreír, y no lo eh hecho, sólo la trate horrible.
Me subo a mi auto, corro en él, quiero llegar lo más pronto posible, quiero verla, y haré lo que desde el primer día eh querido hacer, y hoy lo haré.

Me estaciono, por fin, y ni siquiera puedo esperar que el conserje, me autorice la entrada, sólo subo por el ascensor, y siento que demora mucho en subir, por fin en el piso de está bella mujer.
Salgo del ascensor de forma desesperada, y toco de forma insistente el timbre de su departamento. 

Por fin me abre, de lo que me pareciera una vida, me queda mirando sorprendida, sólo me abalanzo sobre su boca, esa boca que tanto eh querido morder, ella no pelea contra mí, se deja llevar, la beso, saboreo sus labios, su lengua, quiero que sea mía por siempre, mis manos bajan por su espalda y la sujeto con firmeza la quiero tener al lado mío por siempre, su aroma me embriaga, me droga. En ese instante me doy cuenta que no la quiero ir dejar nunca más en mi vida. Me separo de ella un instante para verla directo a los ojos y me sumerjo en ellos, y ahora es ella la que asalta mi boca.

***
Dios besa tan exquisito este hombre, besa increíblemente bien, le beso, y él me besa.
-Espera un momento- le digo -Déjame cerrar la puerta de mi casa- le digo con una sonrisa en mi cara.
Me suelta y me deja cerrarla, cuando la cierro, siento su brazo en mi cintura, y su boca en mi cuello, me ataca, y yo quiero que me ataque, lo deseo. Baja con su boca a mi hombro, son suaves, tranquilos, no siente apuro, su mano derecha sube por mis costillas derechas y me saca mi polera, me deja con mis sostenes, y me gira para verme.
-Dónde esta...-Mi pieza, le guió, lo deseo hoy y ahora, le quiero.
Entre besos y abrazos me deja encima de mi cama con suavidad, y comienza a besarme por mis senos sin retirarme el sostén y comienza a bajar por mi vientre. Mira mi tanga, y sonríe, asalta  nuevamente mi boca y sus manos trabajan rápidamente, me quita mi ropa interior, me deja en la cama, y parece una animal hambriento, y yo una presa indefensa, quiero que me devore.
Me contempla, me toca con las llemas de sus dedos, sus manos sujeta mis caderas y las mueve hacia él, y con una suavidad, con una tranquilidad, como si tuviera todo el tiempo del mundo, comienza a hundirse dentro de mi cuerpo, hasta que llega al fondo, comienza el baile al compás de nuestros latidos del corazón, como nunca sentí un orgasmo que iba en ascenso, sentía como me embriagaba en mi interior, y como escapaba de mis labios, se detiene y le miro, me mira y me besa, sonríe, y volvemos a la carga, veo como la oscuridad va pintando las paredes de mi cuarto.