Catalina ya se ha ido a su casa, hace una semana yo creía a pies juntos en mi jefe, pero eh comenzado a desconfiar, pero ahora con esta declaración, queda más que claro de qué lado estoy, del lado de Catalina, ha sufrido bastante con él sólo recuerdo del que se dice ser su padre, ¿qué hago ahora con esta información?, ¿llamar a Luis y decirle en su cara lo mentiroso y manipulador qué es?.
No puedo seguir
trabajando para él, pero necesito estar a su lado, es totalmente necesario. Me
siento en mi sillón, por un momento y recuerdo con detalle lo que me ha dicho
esta bella mujer.
-Ese hombre que
tú, has intentado por todos los medios que vaya a visitarlo, ese hombre, me ha
hecho esto- y se apunta ella -una mujer desconfiada, una mujer vengativa y
fría. No puedo confiar en las relaciones con lo que me sucedió, esta de más
decir que jamás eh ido a un terapeuta.
-Pero nadie
sabe?- le pregunto
-No, nadie- hace
una pausa, creo que recuerda algo -bueno si, mi mejor amiga... y tú.
-Tú madre, tú
abuelo?- Por qué no le dijo a nadie?
-No, tu crees qué
de la forma que me hecho de la casa, le iba a decir?, si prefirió sacarme de la
casa para ella estar tranquila. Mi abuelo, bueno ahora, sé que él me hubiera
ayudado, sé que él hubiese estado conmigo.
-Entiendo, porque
hablas de tú abuelo como si ya no estuviera?- No se nada de él, pero espero que
este vivo.
-Falleció cuando
yo tenía 20 años.- Pone su mirada triste. -Falleció de una forma rara, culpo a
Santelices por ello, porque mi abuelo fue a verlo, le llamo con urgencia, y ese
día le iba a decir que me había inscrito en Derecho en la Universidad, y sé que
hubiera estado orgulloso, nunca me obligo a nada. Cuando le llame por todo lo
que había pasado, antes del abuso, mi abuelo se enojo mucho. Él llego a mi
busca a los días después, yo estaba hecha mierda, Santelices se fue en esos
días, yo creo que por vergüenza, bueno espero que así sea. Mi abuelo, fue a mi
dormitorio y yo me tire a sus hombros, necesitaba un brazo cariñoso y
protector. Recuerdo a mi madre que se asusto al verlo, y le decía.
"Don
Amador, qué hace usted aqui?" y el respondió "En busca de mi nieta,
porque tú mujer no eres una buena madre y ese hijo mío, es un mal padre, y veo
que ustedes no saben tratar a una niña, pero no te preocupes que yo me haré
cargo de la pequeña. Ah dile a Luis que ni siquiera se gaste en ir a
Tribunales, porque sé varias cosas de él, y te aseguro que el juez preferirá
que Catalina se quede conmigo, me entendiste Sofía?" Mi madre, sólo
asintió, yo no me despegue de él, no quería que me alejarán de él. Por fin me
saco de esa casa, y él con sus ojos cariñosos me miraba, sé que quería
preguntarme más y yo no podía hablar, tenía vergüenza y miedo, no podía
Alejandro.- Se pone a llorar, me acerco a esta mujer que ya no es fría y
distante, sino vulnerable y con sentimientos, la abrazo y llora, me siento mal
al verla así, esconde su cabeza en mi pecho y en ese minuto me prometo cuidarla
por siempre y que nada ni nadie la vuelva a lastimar como lo hizo Luis.
-Pasaron 3 semanas y yo ya no asistía al colegio, mi abuelo lo prefirió así, me
dijo que ya no quería que estuviera cerca de nada que me recordará a
Santelices, yo creo que el sospechaba que algo más había ocurrido, ya que esa
semana me pregunto una y otra vez que había pasado, no le conteste, no pude,
sólo lloraba y él no insistía. Un día llego y me dijo "Catalina arma una
maleta, escúchame bien muchacha, necesito que sólo armes una maleta de ropa, y
un bolso de mano, con tus cosas personales, porque nos vamos de México, no
regresaremos más, nos vamos a Estados Unidos, a Nueva York, y allá te comprare
lo que haga falta mi pequeña, entendido?" yo sólo asentí, estaba feliz,
pero igual tenía tristeza, dejaría a mi amiga Kate, me dijo que no me
preocupará, que si éramos verdaderas amigas, nunca nos separaríamos del alma, y
sabes tenía razón, hicimos de todo para no terminar esta amistad, yo nunca volví a México, pero ella venía en las vacaciones a Nueva York, nos mandábamos
cartas, hablábamos por chat o por mail- veo una sonrisa, se ve hermosa, más de
lo que ya es, me hago otra promesa, hacerla sonreír siempre. -Mi abuelo iba a
menudo a México, cada dos o tres meses para ver "las empresas", esa
era su escusa, porque supe que iba a interrogar a Santelices y nunca le contó
nada, y siempre llegaba enojado, porque me llamaba en el aeropuerto y me decía "Hija,
no me salude cuando llegue, no quiero decirte nada malo", y así era, nunca
lo salude hasta al otro día, porque siempre llegaba de noche. Al otro día lo
saludaba, nunca le pregunte por sus viajes, cada vez que llegaba, me sacaba a
comer helado con pastel, y después caminábamos de vuelta a casa.- Detiene su
relato, yo quiero que siga, quiero saber más de ese bello hombre que saco de
las tinieblas a está mujer- y paso, que cuando ya no me acordaba de nada, mi
abuelo fallece en México por un accidente automovilístico, sabes me quise morir,
nunca lo desee tanto como ese día, quería morirme Alejandro, ese hombre que me
cuido, que me protegió, que me hizo sonreír nuevamente, muere, así nada más, no
pude verle en el ataúd, porque falleció en México, no me atreví a ir, no sabes
cuanto me dolió.- Y veo como sus ojos se nublan por la tristeza más amarga,
cómo yo cuando sentí la ausencia de mis padres, la impotencia de no poder hacer nada,
y la soledad más inmensa cuando todos se van. -Cuando lo entierran, llega una
persona con un papel y me dice que me tengo que marchar, que todas las
propiedades son de Santelices porque mi abuelo no había dejado ni un
testamento, no sabes como alegue porque él siempre me dijo que había dejado
uno, pague a un abogado, que me robo mis ahorros, gracias a Dios mi abuelo unos
meses antes me había comprado en Bostón un Departamento para que me fuera a
vivir allá, por mi Universidad, me endeude, con mis estudios, y a los dieciocho
mi madre me dio un auto, mi nissan, sabes lo ame tanto, porque entendí que ella
me seguía amando, que no se había olvidado de mí. Me marche con mi ropa, mis
libros y todo lo que pude rescatar de la casa de Nueva York, cuando me dijeron que me fuera de la casa, no lo pensé dos veces, le dije al hombre que me diera una semana para marcharme, y me dijo que no había problema, me robe literalmente de la casa, camas, sillones, cortinas, platos, incluso la cocina y
el refrigerador, contrate un camión, con el dinero que mi abuelo mantenía en
casa, me sentí tan feliz al verlo, era suficiente para vivir un año. Antes de
irme deje una carta, para Santelices, en la que le decía, que sí me buscaba
para quitarme lo que por derecho era mío, según yo, contaría todo, desprestiandolo en México.- la veo sonreír, con esa sonrisa cuando me esposo
-Sabes nunca supe de él, hasta ahora- me mira furiosa y me siento horrible por
ser el causante de tanto dolor.
***
![]() |
| Amador Santelices |
***
Abro los ojos, y
me siento de lo peor.
Me suena ese teléfono
que no me gusta que suene, veo el visor, es número desconocido, y ruego que no
sea la hora.
-Sí?.
-Cruz, es tiempo,
la mujer tiene que ir a México ya!
-Lo sé, pero no
puedo apurarla te lo eh dicho, es complicado, sé cosas que no creí jamás.
-Cruz, es tiempo,
no te involucres, lo sabes.- me dicen del otro
lado de la línea telefónica.
-Pero entiende,
ella debe querer ir, no la puedo obligar.
-Cruz te
repito...- lo le dejo terminar
-Cruz, nada, ella
no es cualquier mujer, piensa igual que un hombre, y calcula cada uno de sus
pasos, deja que confíe en mí primero, pero diles que quiere ir, espero salir
con ella en unos días más.
-Entendido, ah!
NO VUELVAS A INTERRUMPIRME CUANDO ESTE HABLANDO CRUZ, COMPRENDES.- Mierda,
siempre tan sentimentales.
-Comprendo señor.-
Dicho esto cortan la llamada.



No hay comentarios.:
Publicar un comentario