-Vamos yo te
conté la mía y eso son muy pocos los que la saben- me río quiere que confíe en
él, podré hacerlo?, pero yo quiero que él confíe en mí?
-Yo creo que es
mejor para otra ocasión- me levanto, es mejor arrancar mientras pueda, pero él
igual se levanta y está frente a mí, me mira, quiere saber, pero como le
explico, esto que para mí es inexplicable?.
-Catalina, mírame
confía en mí, para poder ayudarte- siento sinceridad en sus palabras, pero no!,
él trabaja para Santelices, y no me puedo olvidar que ha estado siguiendome,
que trato de llevarme a la fuerza. -siento haberte tratado de llevar a la
fuerza- es como si me hubiera leído mis pensamientos, con ni un hombre me ha
pasado esto antes, será diferente él? por qué no confías en él, te quiere ayudar y
mírale esos ojitos, no puedo él ... ay! nosé, la puerta esta a dos o tres
metros de distancia, si corro llegaré más rápido, si, correr es lo mejor.
-¿Qué pasa?- me
dice mientras me sube el mentón para que le mire a los ojos, mierda, esos
delicados dedos, cierro un poco mis ojos para sentir sus caricias, pero los
abro rápidamente, no quiero que vea debilidad en mí.
-No puedo
contarte, lo siento. Tengo que irme.- Es mejor así. Catalina ya deja de arrancar, esto es algo que debes sanar, es por tí,
por tus heridas.
-Espera, entonces
cuéntame quienes son Mateo y Santiago, por favor- mierda, es cómo lo mismo,
entonces sólo entonces... siento que ya es suficiente, Kate, tiene razón debo
desahogarme, aunque ella ya sabe la historia completa. Me acuerdo de su rostro
desfigurado, sus lágrimas contenidas, y la respiración agitada, en ese
momento fui yo quien la consoló, aunque después nos reímos, el momento
"de" fue horroroso, su mirada, no sabia si tener lástima por mí o
rabia por mi padre, en ese momento conocí su lado endemoniado, le deseo todas
las posibles muertes más tortuosas a mi progenitor. Será la hora?
Lo miro
directamente a los ojos para saber si miente, y no sólo quiere que confié en
él, nunca en la vida me eh equivocado al estudiar los ojos de la gente, y eso
me ha ayudado a ser muy selectiva, y él tiene algo que me gusta. No sé que
será, pero quiero descubrirlo.
-Bueno te lo
diré.- Me siento, y él a mí lado, respiro hondo y boto el aire de mi pulmones,
cierro los ojos, ha llegado la hora.- Lo que te conté en esa oficinita es
cierto, pero falta.- Me mira -Eh intentado por 20 años olvidarlo y tú llegas y
destruyes mi mundo perfecto, con ese maldito nombre "Santelices".- Se
siente arrepentido -Después de los golpes vinieron las humillaciones verbales,
pero cuando mi madre me dijo que era mejor irme, que me fuera para que no
siguiera sufriendo los malos tratos, en ese momento me quise matar, nunca había
pensado en la muerte como una solución hasta el día siguiente. Me dije, tengo
que irme, ya no soy bienvenida en "esta casa", pero dónde te vas
cuando sólo eres una niña?- le pregunte, no quería respuestas, yo ya me la sabía
de memoria, ellos debían haberme protegido -llame a mi abuelo, Amador Santelices,
como su nombre lo dice era muy amoroso, le conté lo que estaba pasando, y como una
persona normal se enfureció mucho, con mi padre, me dijo si podía esperar unos días
mientras el volvía de Nueva York, para llevarme a vivir con él, que él se preocuparía
de mí, que estuviera tranquila- comienzo a sollozar, aún recuerdo a las palabras
de mi abuelo.
-Tranquila- me
toma una mano y la acaricia. No puedo mirarle a los ojos.
-Cuando me fui. Ese
día. En todo lo que creía se derrumbo.- Necesito aire -Santelices, mi... mi padre, esa persona en la que uno confía u vida, se supone que son tus ángeles guardianes, pero no!, después de todo lo que ya me había hecho, como había dañado mi piel, pero sabes aunque hubiera seguido dañandola, mi cariño hacia él seguía intacto hasta ese momento, e que... llego a mi
habitación, enloquecido- hago una pausa, porque recuerdo su rostro y no se si estaba ebrio -tenía los ojos desorbitados y el rostro desencajado.-
el recuerdo es horroroso, no quiero seguir. Me toma la mano y le hace una
caricia, respiro hondo, y miro el suelo, vamos Cata cuéntale ese secreto que te
ha herido por tanto tiempo. -Luis Santelices, ese hombre que me dio la vida, y
a quién yo le tenía un respeto, una admiración como a ningún otro, pero todo eso se
fue al tacho de la basura, TODO.
-Catalina,
necesito que me cuentes para entender ese odio contra él.- Su mirada es suplicante. Acaso aún no lo comprende?.
Comienzo a
sollozar, sé que él no lo entiende, pero es mejor que me arme de valor y le
cuente, ¡dile!.
-Bueno, llego a
mi pieza, era de noche y mi madre había salido a tomar unas copas con unas
amigas, yo pensaba que me iba a volver a golpear, pero no. Sabes? hubiera
preferido mil veces los golpes... ese día lo marco para siempre.- Respiro hondo
ya es tiempo -Me comenzó a tocar... comenzó por mis piernas, las que se encontraban bajo las mantas de mi cama fue subiendo por mis rodillas, y
se fue acercando a mi cuerpo y se concentro en mi cuello, respiraba en mi cuello y pasaba su boca por mi oreja y mu cuello- tengo vergüenza, pero quiero terminar ya con esto -y le escuche algo así como un murmullo y decía "Así, te gusta cierto putita?".
-¡Para!- Alejandro me detiene, gritando, mi relato, y él por qué de mi odio contra mi padre, se levanta de su asiento, Alejandro comenzó a pasearse de un
lugar a otro sujetándose la cabeza ¿qué estará pensando?, finalmente se arrodilla a mi lado me toma las manos y veo en sus
ojos, una mirada triste, rabia, impotencia. -Santelices abuso de ti?- No hubo
respuesta sólo asentí, y me puse a llorar como nunca lo había hecho, me abrazo
como nadie lo hizo, me limpio las lágrimas como nadie lo hizo.
-Tranquila, lo siento
tanto, y no sabía nada, te prometo que si hubiera sabido aunque fuera una parte,
JAMAS hubiese trabajado para él, pero si no hubiera trabajado para él jamás te hubiera
conocido.- Me dice con ternura.
-Alejandro, no eres tú el que debe pedir perdón, es otro,
y él jamás se ha dignado ni siquiera a enfrentarlo, ahora entiendes porque no quiero saber nada de él?- Alejandro asiente, y me abraza yo cierro mis ojos y no puedo creer que le eh contado todo a este hombre, que aunque poco lo conozco, sentí como a nadie antes, que se preocupará de mí. En un susurro le digo -Gracias- y él sólo sonríe, no encuentro en esa mirada lástima, sólo veo admiración.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario